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Diez años de la muerte de Carl Sagan

Vía Pjorge me entero de que el día 20 se cumplen diez años de la muerte de Carl Sagan. Para conmemorarlo en la blogosfera se ha propuesto que cada blog escriba algo sobre él.

Cuando tenía 16 años leí todos los libros de Carl Sagan y se podría decir que configuraron en gran medida mi forma de pensar ateo-escéptico-científica actual. Mi libro favorito de Carl Sagan es Cosmos, una lectura recomendable para todo el público, leyéndolo adquieres una gran cultura general sobre el origen y estado actual del universo y el planeta Tierra. Otro gran libro es Contact, una novela que ha inspirado a mucha gente que hoy en día intentan detectar señales extraterrestres usando radiotelescopios y ordenadores de todo el mundo.

A continuación una serie de frases de Carl Sagan:

“Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología y en la que nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre.”

“La vida es sólo un vistazo momentáneo de las maravillas de este asombroso universo, y es triste que tantos la estén malgastando soñando con fantasías espirituales”.

“Si quieres salvar a tu hijo del polio puedes rezar o puedes vacunarlo… Aplica la ciencia”.

“A veces creo que hay vida en otros planetas, y a veces creo que no. En cualquiera de los dos casos la conclusión es asombrosa.”

“No puedes convencer a un creyente de nada porque sus creencias no están basadas en evidencia, están basadas en una enraizada necesidad de creer”.

“Para hacer una tarta de manzana primero tienes que crear un universo.”


Palabras e ideas

The purpose of a fish trap is to catch fish, and when the fish are caught, the trap is forgotten. The purpose of a rabbit snare is to catch rabbits. When the rabbits are caught, the snare is forgotten. The purpose of words is to convey ideas. When the ideas are grasped, the words are forgotten. Where can I find a man who has forgotten words? He is the one I would like to talk to. – Chuang Tzu

El cebo sirve para capturar peces, cuando el pez es capturado el cebo se olvida. Un cepo sirve para capturar conejos. Cuando los conejos son capturados el cepo es olvidado. Las palabras sirven para expresar ideas. Cuando las ideas son adquiridas, las palabras son olvidadas. ¿Dónde puedo encontrar un hombre que haya olvidado palabras? Él es el único con el que quiero hablar. – Chuang Tzu


Hadashi no gen

“Hadashi no gen”, es un manga creado por Keiji Nakazawa en el que cuenta como sobrevivió cuando cayó una bomba atómica a escasos centenares de metros de su casa.

Keiji tenía seis años cuando la bomba atómica impactó cerca de su casa matando a su padre, su madre y su hermana, pero él sobrevivió milagrosamente gracias a la protección de un gran muro de hormigón cercano a su casa que le protegió de el primer “impacto” radioactivo. Os podéis imaginar ser un niño, ver como cae una bomba atómica y ver como muere tu família.

Keiji decidió contar su experiencia de primera mano y escribió el manga Hadashi no Gen durante los años 70 para contar a todos la verdad. Durante más de veinte años el gobierno había intentando cubrir informaciones sobre la monstruosidad de las bombas nucleares para minimizar los sentimientos anti-americanos entre la población. Japón se sorprendió al leer Hadashi no Gen, al ver muchas verdades de la guerra que todavía no conocían.

La autobiografía de Keiji Nakazawa saltó a la fama en poco tiempo, fue el primer manga de la historia en ser traducido a idiomas europeos (La versión española se titula Hiroshima y está traducido por Emilio Gallego) e incluso hay una película de animación con el mismo título que es realmente impactante. Otra película de la misma temática con claras influencias de la obra de Nakazawa es Hotaru no haka (Grave of the fireflies), una de mis películas favoritas de Ghibli.

Mama, si lo quieres leer está en la estantería de manga de la habitación de Aitor.


Asnos estúpidos

Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos.
Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica. En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados anteriormente: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biofísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin embargo, en el libro pequeño no había habido que tachar jamás ninguno de los nombres anotados.
En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantaba la vista, notando que se acercaba un mensajero.
— Naron -saludó el mensajero-. ¡Gran Señor!
— Bueno, bueno, ¿qué hay? Menos ceremonias.
— Otro grupo de organismos ha llegado a la madurez.
— Estupendo. Estupendo. Actualmente ascienden muy aprisa. Apenas pasa año sin que llegue un grupo nuevo. ¿Quiénes son ésos?
El mensajero dio el número clave de la galaxia y las coordenadas del mundo en cuestión.
— Ah, sí -dijo Naron-. Lo conozco. -Y con buena letra cursiva anotó el dato en el primer libro, trasladando luego el nombre del planeta al segundo. Utilizaba, como de costumbre, el nombre bajo el cual era conocido el planeta por la fracción más numerosa de sus propios habitantes.
Escribió, pues: La Tierra.
— Estas criaturas nuevas -dijo luego- han establecido un récord. Ningún otro grupo ha pasado de la inteligencia a la madurez tan rápidamente. No será una equivocación, espero.
— De ningún modo, señor -respondió el mensajero.
— Han llegado al conocimiento de la energía termonuclear, ¿no es cierto?
— Sí, señor.
— Bien, ése es el requisito -Naron soltaba una risita-. Sus naves sondearán pronto el espacio y se pondrán en contacto con la Federación.
— En realidad, señor -dijo el mensajero con renuencia-, los Observadores nos comunican que todavía no han penetrado en el espacio.
Naron se quedó atónito.
— ¿Ni poco ni mucho? ¿No tienen siquiera una estación espacial?
— Todavía no, señor.
— Pero si poseen la energía termonuclear, ¿dónde realizan las pruebas y las explosiones?
— En su propio planeta, señor.
Naron se irguió en sus seis metros de estatura y tronó:
— En su propio planeta?
— Si, señor.
Con gesto pausado, Naron sacó la pluma y tachó con una raya la última anotación en el libro pequeño. Era un hecho sin precedentes; pero es que Naron era muy sabio y capaz de ver lo inevitable como nadie en la galaxia.
— ¡Asnos estúpidos! -murmuró.

Isaac Asimov