Idiomas okinawenses en extinción

Ayer, al contaros lo que significaba churaumi en okinawense, me acordé del viaje que hicimos Francesc y yo al pueblo de los centenarios para escribir el libro Ikigai – Los secretos de Japón para una vida larga y feliz. Muchos de los ancianos con los que hablamos, especialmente los más viejos, no nos contestaron en japonés. Grabamos todas las conversaciones y luego estuve meses descifrando lo que nos habían dicho en okinawense. Me ayudó mucho la familia de mi suegra, porque ellos son de la isla de Iheya que está cerca (se ve en el horizonte desde la playa Ogimi)

La isla de Iheya en el horizonte, donde todavía muchos hablan okinawense

Los idiomas de okinawa que todavía se hablan son cinco, el más conocido es el de aquí de la isla principal. Quedan aproximadamente 90.000 personas que los pueden hablar y escribir, pero todos tienen más de setenta años, así que inevitablemente se extinguirán en las próximas dos o tres décadas.
Estas son algunas de las palabras más populares del okinawense que incluso los que hablamos japonés conocemos y que son usadas por los locales:

Haisai o haitai: hola (haisai lo dicen los hombres y haitai las mujeres).
Gusuyo: se suele exclamar después de decir «haisai» para decir «a todos».
Nifeedeebiru: muchas gracias.
Chura: bonito / hermoso.
Achanee: hasta mañana.
Uminchu: pescador.
Chu: persona.
Majiun: juntos.
Kafuu: buena fortuna y felicidad.
Uchinaa: Okinawa.

La gramática tiene similitudes con el japonés pero las partículas también son diferentes. Por ejemplo, para decir «yo soy un pescador de Okinawa» se diría «Wan NE uchina NU uminchu DEBIRU» 我ねー沖縄ぬ海人でーびる。 En cambio en japonés sería «Watashi HA Okinawa NO ryoushi DESU» 私は沖縄の漁師です。En mayúsculas he destacado las partículas y el verbo al final para que se vea que la estructura es la misma pero las palabras son totalmente diferentes.

Es una pena que los idiomas se vayan extinguiendo. Si tuviera que rescatar dos proverbios del okinawense para que no se extingan nunca elegiría estos dos:

Nankuru naisa: «pase lo que pase, todo irá bien al final».

Ichariba choode: proverbio del que hablamos en le libro de Ikigai y se podría traducir como «Un encuentro es suficiente para tratarnos como familia».

Os dejo con algunas fotos que hice en la aldea de Ogimi, donde el okinawense todavía sigue vivo.

Churaumi – 美ら海 – El mar «chura»

Okinawa es la prefectura más más meridional de Japón. Vine aquí de viaje por primera vez en 2005 y me sorprendió que su cultura fuese japonesa, pero un poco más relajada. Así como los tokiotas suelen ser muy puntuales, aquí en Naha llegar tarde es algo más normalizado.

Ayer estuve bañándome en una playa de Okinawa con aguas protegidas por arrecifes donde puedes ver el fondo a simple vista. Y no pude evitar pensar en una de mis palabras favoritas que me han enseñado los okinawenses.

En Okinawa solían hablar otros idiomas (el okinawense u uchināguchi), que ahora ya están casi extintos. Las hermanas de mi suegra lo hablan y yo no entiendo nada de lo que dicen. Una de las pocas palabras que sí entiendo, y que todavía se conserva y se usa, es «churaumi» 美ら海.

– chura (美ら): «hermoso», «bello» o «puro».
– umi (海): «mar».

Churaumi es, por lo tanto, «mar hermoso» o «mar bello».

Cuando estás frente al mar y dejas volar la mirada desde la arena bajo tus pies hasta la línea del horizonte y el cielo, te entregas a la belleza del momento y exclamas: «¡¡¡Churaumi!!!».

Fotos de las últimas semanas en Okinawa

Una de las constantes en mi vida japonesa es que no puedo parar de hacer fotos de todo aquello que me llama la atención. Pero con el paso del tiempo el ratio de cosas que me llaman la atención ha disminuido, es decir, si los primeros meses en Japón sacaba centenares fotos cada día, apenas acumulo un centenar de fotos por mes.

Como ejercicio, intento forzarme a observar mi entorno con «mente de principiante», es decir, me pregunto a mi mismo «¿Si fuera mi primer día en Japón, qué me llamaría la atención?». Pero la respuesta a esta pregunta cada vez es más difícil, así que pregunto a aquellos que venís de viaje y podéis verlo todo con frescura. Este es un tema que traté bastante en los primeros capítulos de mi libro La Magia de Japón

Llevo unas semanas de relax en Okinawa, salgo mucho a pasear con Juri, nuestra perrita shiba, que ya está algo vieja pero sigue en forma. Estas son algunas de las fotos que he sacado durante mis paseos por Naha (Okinawa).

El tema de la paz es muy candente entre los Okinawenses, que fueron de los que más sufrieron en la guerra.

He visto a este hombre varias veces paseando por el mismo barrio, estoy tentado a preguntarle porqué lleva tantas pulseras.

Aterrizó un helicóptero en el parque, sacaron a un hombre que transportaban desde una de las islas cercanas a un hospital de Naha. Pregunté y me dijeron que le había mordido una serpiente habu (Son muy peligrosas)

Un Lawson con una casa que parece tener un telescopio en la azotea.

Me parece curioso este sistema de drenaje que tienen muchos aparcamientos en Okinawa.

Escaleras cubiertas por roca caliza de Ryukyu (琉球石灰岩(りゅうきゅうせっかいがん)). Si te acercas a observar se pueden ver muchas conchas fosilizadas y otras formas orgánicas (corales). en esta foto en los primeros peldaños se aprecian circulitos negros (conchas fosilizadas)

El edificio del Okinawa Prefectural Museum and Art Museum fue construido para que se asemejara en su diseño a los castillos (gusuku) tradicionales de Okianwa.

Tres goyas que conseguí que salieran en la planta de nuestro jardín.

Sala de descanso de la piscina municipal de Urasoe.

Cup noodles, ventilador incorporado en el chaleco, videos por internet en el smartphone, y cartera de marca que dejaba desatendida cada vez que iba al baño.

Otras escaleras cubiertas por caliza de Ryukyu (En este caso solo las paredes).

A los shiisa les dediqué un ¡blogpost hace más de 20 años!, parece que no me canso de hacer fotos de shiisa 🙂

Hoy subí a la tercera montaña más alta de Okinawa

Hoy subí a la tercera montaña más alta de Okinawa —que es diminuta, solo tiene 452 metros de altura— con Morimoto-san que acaba de cumplir 80 años y Furudate-san (58). Nos guió Morimoto-san, que utiliza esta montaña como lugar de entrenamiento. Él vive aquí en Okinawa pero viaja mucho en avión a otros lugares de Japón con el objetivo de completar las cumbres de las cien montañas más famosas de Japón. (日本百名山, nihon hyaku meizan).

Hoy, desde la cima de Katsuudake, pude divisar Ogimi en el horizonte, el pueblo de los centenarios que nos inspiró para escribir Ikigai: Los secretos de Japón para una vida larga y feliz. Me di cuenta de que ya han pasado más de 10 años desde que estuvimos allí escribiendo el primer borrador del libro. Desde entonces hemos vuelto varias veces, para saludar a los que nos conocen, sobre todo en la oficina de turismo de Ogimi, y para grabar un documental con National Geographic.

Sentí algo de tristeza al pensar que seguramente la mayoría de los ancianos a los que entrevistamos hace más de una década, quizás ya no estén aquí con nosotros. Desde la cima también pude contemplar la isla de Iheya, allí nació mi suegra y sus siete hermanos/as, que todavía viven, están sanos y parecen llevar los genes de la longevidad de este archipiélago con mucha jungla (yanbaru), mar, y montañas pequeñas.

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Sanpincha – El té de Okinawa

El sanpincha さんぴん茶, es el té autóctono más consumido en Okinawa. Se produce mezclando té verde producido en las islas de Ryūkyū con hojas de jazmín.

«Ahora también se bebe mucho sanpincha. Pero los de mi generación, ¡lo bebíamos a todas horas, todos los días! » – Sumiko, 98 años.

Dicen que las propiedades del jazmín combinadas con las del EGCG del té verde son cóctel de antioxidantes poderosísimo que ayuda a reducir muchos de los efectos negativos del envejecimiento en nuestros cuerpos. El sanpincha puede que sea una de las claves de Okinawa para ser uno de los lugares con mayor esperanza de vida del mundo.

En uno de los capítulos de Ikigai profundizamos en las propiedades de sanpincha, las costumbres culinarias de Ogimi y la dieta de Okinawa en general.

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5 gramos de té, agua a 95 grados de temperatura, esperar 60 segundos.

Ogimi – La aldea de los centenarios

En uno de los capítulos de Ikigai – Los secretos de Japón para una vida larga y feliz contamos nuestras aventuras en Ogimi, un pueblo de poco más de 3000 habitantes al norte de Okinawa que está considerado como el lugar más longevo del mundo. No solo tienen longevidad, también tienen los índices de cáncer más bajos de todo Japón y también de otros tipos de enfermedades como por ejemplo la diabetes.

Son muchos los científicos que han ido allí a estudiar las dietas y las costumbres de los locales de Ogimi. Nosotros fuimos con la cámara al hombro y entrevistamos a más de un centenar de habitantes durante una semana. Les preguntamos sobre sus rutinas diarias, sobre su dieta, sobre sus familia y sobre el secreto de la longevidad con salud. Y por supuesto, también les preguntamos: ¿Cuál es tu «ikigai»?

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Una de las frutas que más se consumen en Ogimi son unos cítricos llamados shikuwasa.

Conviviendo con ellos nos dimos cuenta de que nadie estaba realmente «jubilado». Todos estaban aparentemente ocupados y muchos de ellos combinaban diversos trabajos. «Desde que dejaste de llevar la contabilidad de la tienda de verdura comenzaste a perder claridad» le dice Akiko a un amigo de 96 años echándole la bronca por haberse «relajado». Akiko es una de las líderes de una de las 17 comunidades en las que se organiza el pueblo. Con 92 años combina su rol como jefa de comunidad con vender sombreros hechos a mano en una tienda del pueblo, sigue plenamente activa y dijo: «Si no haces nada, la muerte viene a por ti».

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Otra de las constantes que presenciamos en Ogimi fueron las celebraciones. No se privan de los placeres.

Lo que más me fascinó de Ogimi es que nunca sentí que estuviera en un pueblo. Después de días dando vueltas por el pueblo en coche nos dimos cuenta que siempre estábamos rodeados por jungla y naturaleza. Muchas veces me preguntaba: ¿Dónde se esconde la gente?

Carreteras y caminos se abren paso entre las montañas, el mar y la selva yanbaru (Así es como la llaman los locales). De vez en cuando se atisba algún grupo de casas y junto a ellas huertos y campos de cultivo.

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Vivir rodeado por verde puede que también sea una de las claves para tener salud.

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En el libro Ikigai – Los secretos de Japón para una vida larga y feliz (Disponible en preventa por 9,5 Euros) lo contamos con palabras pero también queremos compartir con vosotros las imágenes de nuestra experiencia en Ogimi. De aperitivo, os dejo en este blogpost con algunas fotos que capturé en Ogimi.

Los que os quedéis con ganas de más os esperamos el día 16 de Marzo a las 19h, en la Casa del Libro de Barcelona (Rambla Catalunya 37). Francesc y yo presentaremos el libro y también desvelaremos en exclusiva un documental corto sobre la aldea de los centenarios que grabamos durante nuestra aventura.

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El monumento de la longevidad que marca la entrada al pueblo.

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