La crisis de las mascarillas

Japón es una cultura acostumbrada al uso de mascarillas. Por lo general se utilizan en invierno tanto para protegerse de enfermedades como para no contagiar (en caso de notar que estás acatarrado) y en primavera para protegerse del kafun (花粉 polen) aquellos que sufren de alergias.

Este invierno Japón es ya el lugar con más casos de coronavirus después China. Esta semana se confirmó la primera muerte en territorio japonés.

Fuente Wordometers

Aunque ya se han detectado más de dos centenares de casos en Japón por ahora parece que el ritmo de contagio no es el mismo que en China. Desde hace semanas este es el aspecto de los trenes en Tokio:


¿Cuántas mascarillas hay en esta foto?

A finales de Enero cuando se comenzó a extender la noticia todos corrieron a comprar mascarillas. Al cabo de unos días se agotaron las mascarillas en todo Japón y ahora es difícil encontrar. Estas son fotos que he sacado hoy de dos estanterías vacías:

El papel indica limitaciones en el número de mascarillas que se permite comprar (El límite es diferente según el tipo de máscara) por cliente.

El papel indica que las mascarillas están agotadas. Solo se permite comprar una mascarilla por persona


Las acciones de Kawamoto (Empresa que manufactura mascarillas) estaban a menos de 500 yenes en diciembre, ahora están a más de 2000 yenes.

Shibamata – El barrio de Tora-san

Shibamata es un barrio al este de Tokio colindante con Chiba que conserva el sabor del Japón del pasado. En japonés, se utiliza la palabra furumachi (古町 lit. «pueblo viejo») que se podría traducir como casco antiguo, para referirse a barrios o pueblos que conservan calles y edificios tal y cómo eran en la antigüedad. En el caso de Tokio cualquier estructura de más de 50 años esta considerada como algo viejo y tradicional.

Pasear por barrios como Shibamata me hace sentir nostálgico. Es extraño, porque yo nunca viví en el Japón de la era showa (1926–1989). Pero quizás haya algo en común que enlaza el pasado de varias las culturas, algo que conecta el showa de Japón con las épocas correspondientes en otros lugares.


Calle principal de Shibamata

Por ejemplo, algo que en tenemos en común las generaciones de los años 80 con muchos japoneses es el manga, el anime, el cine y los videojuegos. Aunque muchos títulos nunca llegaron a nuestros lares, hay ciertos clásicos japoneses que nos unen (Anime y manga: Dragon Ball, Akira, Ghibli, Saint Seiya… videojuegos: Nintendo, Sega… cine: Kurosawa Akira…) y que creo que son fundamentales para unir el corazón de pueblos muy diferentes.

Shibamata es un barrio donde las calles parecen haber salido de los fondos de viñetas de un manga de los años 80 o años 70. De hecho, Shibamata es famoso por ser el pueblo de Tora-san, el protagonista de la serie de televisión Otoko Ga Tsurai Yo (男がつらいよ «Es duro ser un hombre»). Otoko Ga Tsurai Yo es una de las series de televisión más populares de la historia en Japón, estuvo en activo desde el año 1969 hasta el 1995.


En este local anuncian con orgullo que fue uno de los lugares de rodaje de los primeros cuatro capítulos de Es duro ser un hombre Otoko Ga Tsurai Yo

Cada uno de los 48 capítulos sigue el mismo patrón. El protagonista Tora-san se pelea con su familia que reside en Shibamata y para liberarse del estrés de la gresca decide que es el momento de salir de viaje a algún lugar de Japón (Trabaja de vendedor). Durante su viaje en solitario se encuentra con una mujer que está pasando por un momento duro de su vida. Tora-san se ofrece a ayudarla y la chica se lo agradece. Él no puede evitar terminar enamorándose de ella pero su amor nunca termina siendo correspondido. Al final del capítulo vuelve a Shibamata con su familia.


Tora-san, que es fácil de reconocer por el sombrero, es el protagonista de pósters y adornos del barrio.

Esta chica es fan de Tora-san y regenta una tienda especializada en la serie. Me intentó vender varias revistas retro pero al final me llevé una guía de viajes con los todos los lugares de Japón que visita Tora-san en los más de 20 años de TV.


El templo de Shibamata no es muy famoso comparado con otros de Tokio pero es igual o más bonito, se llama Taishakuten (柴又帝釈天)

Un rincón de Shibamata donde se puede tomar matcha


Una foto con la estatua de Tora-san, el con su maleta y yo con la mochila.

Pin point con localización de Shibamata: https://goo.gl/maps/bnUwHSSkihMenfkU9

Shibuya Scramble Square – Shibuya Sky

Hace 6 años escribí aquí en el blog sobre los planes de gran remodelación de Shibuya, ¡qué rápido para el tiempo! Este fin de semana tuve la oportunidad de visitar la azotea de uno de los nuevos rascacielos que han construido sobre la estación de Shibuya. Tiene 230 metros de altura y se llama Shibuya Scramble Square. La atracción más interesante de este nuevo edificio es el observatorio de la planta 46 que han llamado Shibuya Sky y está abierto al público (Desde las 9:00 hasta las 11:00 por ¥2.000 yenes, google maps pinpoint).

Estas son las fotos que tomé este fin domingo. El cielo estaba nublado. Los días claros se puede ver el Monte Fuji en el horizonte y tiene unas vistas excelentes a todo el Tokio porque no hay ningún edificio más alto en la zona de Shibuya.

La visita incluye un ascensor con techo psicodélico.

Infografía de Shibuya Scramble Square

Para más información esta es la Web oficial del observatorio Shibuya Sky.

De vuelta a la aldea de los centenarios

Hace cinco años Francesc y yo viajamos a Ogimi, la aldea más longeva del mundo. Aquella vez fuimos los dos solos, cargando con cámara y micrófonos, con muchas ideas y sueños en mente. Después de entrevistar a los ancianos del lugar escribimos el libro Ikigai.

Hace unos días volvimos a Ogimi, esta vez con todo un equipo de rodaje de National Geographic. Reconectamos con viejos conocidos del lugar. Yuki cumplió los 90 y sigue conduciendo y trabajando en su tienda. Taira cumplió los cien años y tenía la mente lo suficientemente clara como para recordarnos y volver a cantar la misma canción y que nos cantó la última vez.

Comiendo shikuwasas (tienen 40 veces más nobiletina que otros cítricos bajo el sol.

Las cámaras de National Geographic grabando una reunión de un moai en Ogimi.

Muchos de ellos nos contaron que ahora el pueblo tenía bastante más turismo y todos venían con el libro en la maleta. Han abierto varios albergues a la orilla del mar y viajeros de todas las esquinas del mundo visitan la aldea. Nuestro amigo Miyagi los llama «turistas ikigai» y expresó su gratitud por lo que hemos hecho por su pueblo.

Estos dos habitantes de Ogimi salieron de repente a la calle, son marido y mujer y regentan uno de los albergues del pueblo. La mujer llevaba una copia de IKIGAI en inglés y nos pidieron una foto para colgarla en la recepción del albergue. Ikigai se ha traducido ya a más de 50 idiomas y este año llegará a los 56.

También tuvimos el honor de asistir a la pre-inaguración de la nueva oficina de turismo (Que ahora le hace la competencia de Miyagi que resultó ser una oficina de turismo privada), y la jefa tenía varias copias de IKIGAI en japonés que quería que firmáramos.

Directora de la nueva oficina de turismo de Ogimi con una copia de IKIGAI en Japónes

Conocimos a Akimasa, que ya tiene 108 años, pero todavía sigue fuerte y sano y nos recibió con una sonrisa. Después de entrevistarlo se ofreció a regar su huerto frente a las cámaras de National Geographic.

Akimasa (108 años) y su hijo (74 años) recibiéndonos en el salón de casa.

Una de las cascadas que inspiró ciertos pasajes de Ikigai y también de El Método Ikigai

Cuando visitamos la cascada hace cinco años no había nadie, esta vez nos encontramos con turistas paseando.

Volver al lugar que inspiró nuestro libro fue una experiencia mágica pero al mismo tiempo nos hizo reflexionar sobre la responsabilidad que tiene el escritor o antropólogo cuando escribe una obra.

Ikigai ha cambiado Ogimi, quizás para siempre.

Esperemos que el cambio haya sido para bien, y que sus habitantes sigan siendo felices, con vidas longevas y llenas de salud.

De esta nueva visita me quedo con unas palabras de Akimasa. Nació justo antes de que estallará la primera guerra mundial y en la segunda guerra mundial sobrevivió (Aunque perdió a casi todos sus amigos y familia) a la batalla de okinawa, una de las más sangrientas de la historia.

Cuando le preguntamos qué es lo más importante que quiere comunicar a las nuevas generaciones el color de su cara cambió y sus ojos se abrieron más, dando la sensación de haber rejuvenecido durante un breve instante antes de decir:

Paz… la paz y armonía de todos los seres humanos de este planeta.

El observatorio de Enoura

Ver el paisaje marítimo desde el confort del coche con el aire acondicionado es de lo más agradable. Cuando llegamos, la llovizna se confunde con humedad y la bruma. Mientras aparcamos en lo alto de un acantilado, contemplamos la bahía de Sagami extendiéndose ante nosotros desde Miura hasta Izu. El cielo es blanquecino y se difumina con los tonos grisáceos del mar.

Al salir del coche, el calor nos golpea como si de repente hubiéramos entrado en una sauna, afortunadamente al cabo de unos minutos deja de llover.

La piedra en el suelo significa que no debes caminar más

El observatorio de Enoura es un proyecto artístico de Hiroshi Sugimoto, que es capaz de ser a la vez escultor, fotógrafo, pintor e incluso arquitecto. En recepción, después de pagar las entradas, tenemos que escuchar una breve explicación. Nos enseñan el mapa de las instalaciones, que resulta estar pensado para disfrutar de los amaneceres (En perfecta alineación con el Sol) en los cambios de estación:

Este pasillo acristalado es el que está alineado con el amanecer del solsticio de verano

Conforme paseamos por el complejo, disfrutamos de la amalgama de naturaleza, arte, historia y unas vistas espectaculares. Uno de los temas recurrentes del arte de Sugimoto es la conexión del pasado de nosotros los seres humanos con nuestro futuro. El observatorio de Enoura se alinea con los astros y se integra con la naturaleza. Rocas en su estado natural y pasillos artificiales con lineas simples se integran dándole al lugar cierto aire místico. Este pasillo me recordó a ciertos escenarios de los videojuegos Myst o Riven.

Cuando llueve hay un agujero en el techo que deja caer el agua justo en el hueco circular del centro

Sugimoto quiere que los visitantes del observatorio sientan la espiritualidad de los humanos del pasado evocando la vida de otros tiempos. Según Sugimoto la capacidad de los seres humanos de ser conscientes del ciclo del Sol durante un año marcando las estaciones, fue uno de los primeros indicios que nos separaron del resto de los animales. Es decir, fue uno de los ingredientes iniciales que activaron «la consciencia humana». Por eso diseñó el observatorio alineado con los equinoccios y solsticios. En sus palabras: «Mi objetivo con la construcción del observatorio de Enoura es reconectarnos visualmente y mentalmente con las memorias más ancestrales de la humanidad».

Alineado con el amanecer del solsticio de verano

Alineado con el amanecer los equinoccios de primavera y otoño

Una de las aficiones de Sugimoto es coleccionar rocas con significado histórico. En esta foto, la piedra con forma de cilindro era de una pagoda de Hiroshima que estaba justo en el lugar donde cayó la bomba atómica el 6 de Agosto del año 1945. Esta ruina de la pagoda sirve como memento para recordar lo poderosa que fue la fuerza destructora de la bomba y las vidas que costó:

Esta otra es una escultura diseñada por Sugimoto que representa el infinito. Está basada en la geometría de media pseudoesfera con con curvatura -1/R^2 en la que la punta nunca llega a converger. Es decir, en la escultura real en la punta tiene 5 milímetros de diámetro, pero en teoría podría seguir hasta el infinito sin llegar nunca a un punto… ¿Un átomo? El punto de unión, que está en el infinito, solo existe en la imaginación de nuestras mentes:

Pasamos varias horas paseando por el complejo dejando que nuestras consciencias viajen al pasado y al futuro de la humanidad. Terminamos refrescados como si hubiera sido una sesión terapéutica y liberadora.



En este pasillo hay expuestas fotos de la colección de sin línea horizonte de Sugimoto. Es curioso ver como los pasillos del observatorio «emulan» sus fotos creando finales en los que el horizonte corta el paisaje por la mitad… (Ver foto de principio de post o este vídeo en mi instagram)

Reservar con antelación aquí. Información de cómo llegar aquí.

Palacio Imperial de Kioto

El Palacio Imperial de Kioto (京都御所, Kyōto Gosho) fue la residencia oficial de la familia imperial hasta el año 1869, momento en el que la capital de Japón cambió de Kioto a Tokio. El palacio está rodeado por una zona de jardines enorme (1300 metros de largo y 700 de ancho) por donde es un placer pasear. En la antigüedad todo el recinto estaba amurallado y en su interior además de la familia imperial también vivían familias nobles (Los Fujiwara y los Saito).

Hoy en día casi todas las zonas del Palacio Imperial de Kioto pueden ser visitadas pero todavía hay algunos lugares que están cerrados y solo se abren cuando hay ceremonias de coronación de nuevos emperadores. El Shishinden (紫宸殿) es el nombre del pabellón donde se celebra la coronación:

Frente al pabellón Shishinden hay una gran zona de grava, es un espacio vacío diseñado siguiendo los principios del sintoísmo en los que «la nada» es casi o más importante que «el algo». Para acceder al Shishinden hay 19 escalones, el número que se supone que te da acceso al cielo.

A ambos lados de las escaleras hay dos árboles. El árbol de la izquierda es un cerezo llamado “Sakon-no-sakura”, y el de la derecha es un tachibana llamado “Ukon-no-tachibana”.


Este es también el shishinden pero visto desde otra localización.

El Palacio Imperial de Kioto que está en pie hoy en día fue construido siguiendo los planos originales del anterior Palacio de Heian (Que ya no existe). Ya en la época del Palacio de Heian había un lugar exacto donde estaban ambos árboles.

Heian
Este es el mapa del Palacio de Heian, anterior al actual Palacio Imperial de Kioto.

La leyenda cuenta que poco después de que el Emperador Kanmu empezara a vivir en el Palacio de Heian (Entre el año 781 y el 806) decidió plantar los dos árboles al lado del Shishinden. Cuando murió, 40 años después, el siguiente emperador estaba celebrando un banquete y en un momento de alegría agarró unas flores de los árboles y con ellas decoró el pelo del príncipe heredero. Aquella escena se quedó grabada en los asistentes del banquete y con el paso del tiempo los dos árboles pasaron a ser sagrados.

Aunque la ciudad ha sido destruida varias veces, una de las constantes en Kioto han sido los dos árboles que el Emperador Kanmu decidió plantar. Cada vez que mueren son replantados en el mismo lugar.

Tiempo de visita recomendado: medio día e incluso un día entero. Una buena idea es comer de picnic en la zona de los jardines, en la época del sakura es especialmente bello.

Precio de la entrada: gratis.

Horario: de 9:00 de la mañana a 17:00 de la tarde, como casi todo en Japón.