En occidente “copiar” tiene cierto sentido negativo, en Japón “copiar” no tiene tan mala connotación, siempre y cuando adaptes o mejores lo copiado. Por ejemplo, a las vistas de un occidental, una reproducción de una obra de arte nunca puede superar al original, en cambio en Japón se han dado casos en los que una reproducción se ha considerado más valiosa que el original.

Los grabados ukiyo-e, una de las formas artísticas japonesas más importantes, son copias de un original.
En el japonés hay muchas palabras que significan “copiar” pero muchas de ellas se alejan bastante del concepto de “copiar” occidental y se acercan más al concepto de “reflejo”, y el reflejo de algo a veces puede ser incluso más bello que el original. De hecho, hoy en día el idioma japonés incluye la palabra inglesa “copy” (コーピー), que se utiliza cuando se quieren referir a copias exactas, utilizado por ejemplo en la jerga informática. En este texto voy a utilizar la palabra “copiar” en el sentido japonés de “observar un patrón original, buscar los puntos clave de ese patrón e intentar hacerlo mejor”, mientras que cuando quiera utilizar el sentido negativo occidental utilizaré la palabra “imitar”.
En la escuela nos enseñaron que por lo general, cuanto más viejo es algo, más valor histórico tiene. Una iglesia que se mantiene en pie desde hace 400 años casi con toda seguridad sale en nuestras guías de viaje y libros de cultura occidentales, mientras que una iglesia que fue destruida en la guerra y reconstruida hace 50 años seguramente pase desapercibida. En Japón no importa tanto que sea una copia o una reconstrucción del original, la educación japonesa se basa en la repetición de “katas” que intentan copiar un patrón original. El templo de Ise, considerado el templo shintoísta más importante del mundo es derruido cada veinte años y se vuelve a construir “exactamente” igual. Se trata de una tradición que se lleva practicando desde el año 690, si hacéis cálculos, el templo de Ise ha sido reconstruido más de 60 veces “copiando” siempre el mismo diseño arquitectónico. Según el pensamiento shintoísta, esta tradición ayuda a mantener la frescura y la pureza del lugar. Muchos japoneses, lo consideran el templo más importante del país, en cambio en las guías para extranjeros se suelen destacar más los templos budistas que llevan en pie varios centenares de años en Kyoto. Esta costumbre reconstructora del templo de Ise no está bien vista por el comité que elige los patrimonios de la humanidad, parece se que lo ven más como una costumbre destructora.

Los templos japoneses suelen tener una antigüedad de unos 50 años, en casos muy excepcionales llegan a los 300 años. En Europa, un edificio de 50 años es difícil que tenga ningún valor histórico. ¿Está en occidente sobrevalorado lo viejo?
Mañana sigo con una segunda parte sobre «Copiando, adaptando, asimilando y mejorando».


